Casi todo el mundo ha empezado un diario alguna vez. Una libreta bonita en enero, tres páginas llenas con buena letra y luego, en algún momento de febrero, nada. No es falta de voluntad. Normalmente es que el listón se puso demasiado alto el primer día.
Escribe menos de lo que crees que deberías
El error más común es pensar que un diario tiene que ser largo. Si la primera entrada ocupa dos páginas, la segunda ya pesa antes de empezar. Mejor al revés: que escribir sea tan corto que no haya excusa.
Una entrada de diario puede ser esto:
Ha llovido todo el día. No he hecho casi nada y aun así ha sido un buen día.
Dos frases. Dentro de unos meses, esas dos frases te devolverán ese sábado entero. Si algún día te apetece escribir más, escribe más. Pero que el mínimo sea muy bajo.
Ata el diario a algo que ya haces
Decidir cada noche “¿escribo o no?” cansa. Funciona mejor engancharlo a un momento que ya existe: después de cenar, en el metro de vuelta a casa, con el último café de la tarde, justo antes de apagar la luz. El diario se vuelve parte de esa costumbre y deja de ser una decisión aparte.
Si vuelves andando del trabajo, puede que el mejor momento sea al llegar, con la cabeza todavía en la calle:
He vuelto andando del trabajo en vez de coger el metro. Cuarenta minutos y la cabeza mucho más despejada.
Qué hacer cuando no sabes qué escribir
La página en blanco es el gran motivo de abandono. Algunas salidas que suelen funcionar:
- Describe una sola cosa que hayas visto hoy, con detalle. Una calle, una mesa, una cara.
- Escribe lo que has comido y con quién.
- Apunta una frase que alguien te haya dicho.
- Cuenta qué te ha molestado hoy, aunque sea una tontería.
- Responde a una pregunta. Tenemos una lista de preguntas para escribir en un diario pensada para esto.
También vale cambiar de formato. Un día de bajón, tres cosas que agradeces pueden ser más fáciles que un texto libre. Hay más sobre eso en la guía del diario de gratitud.
No escribas para nadie
Un diario no es un blog. Nadie va a corregirte la ortografía ni a juzgar si tu día fue interesante. Cuando uno escribe pensando que algún día alguien lo leerá, empieza a adornar, y adornar cansa. Escribe como hablarías contigo en voz baja. Con frases a medias si hace falta.
Por eso importa dónde guardas lo que escribes. Si no estás seguro de quién puede leerlo, acabarás escribiendo menos de lo que piensas.
Si lo dejas, vuelve sin compensar
Vas a saltarte días. Quizá semanas. Lo que hace que mucha gente abandone del todo no es el hueco, sino la sensación de que hay que rellenarlo antes de seguir. No hace falta. Escribe hoy como si ayer hubieras escrito también. Si algo de esos días perdidos te importa, apúntalo en una línea y sigue.
Llevo dos semanas sin escribir. Ha pasado de todo y nada. Hoy, comida larga con mi madre; hemos acabado hablando de cuando éramos pequeños.
Relee de vez en cuando
Lo que engancha de un diario no es escribirlo, sino leerlo un tiempo después. Una vez al mes, echa un vistazo a las entradas de ese mes. Te sorprenderá lo que ya habías olvidado, y eso da ganas de seguir.
Con Ownmost
Ownmost está pensado para que escribir sea rápido: abres, eliges Libre si solo quieres una casilla en blanco, o Resumen del día si prefieres tres preguntas cortas (“¿Qué momento de hoy recuerdas más?”, “¿Algo que no salió como querías?”, “Unas palabras para tu yo de mañana”). Cada día aparece una “Pregunta del día” distinta por si no sabes por dónde empezar, y si se te pasó un día puedes escribirlo con su fecha. Si estás cansado para teclear, pulsa el micrófono y habla; el texto entra en la casilla y no se guarda ninguna grabación. Puedes bloquear la app con contraseña y Face ID o huella. No hay cuenta y lo que escribes se queda en tu dispositivo. Para probarlo sin instalar nada, entra en /es/try.